Reporteado por: María Belén Miranda En categoría: Tiempo libre
Un viaje, un sueño, el desarraigo y la transformación de la identidad son los ejes centrales de la película ganadora del SANFIC, Ulises. La opera prima del director Oscar Godoy, muestra la inmigración como una aventura personal, y es que él, algo sabe del tema.

Foto: Constanza Valderrama/Cortesía de Juán de Dios Larraín.
“En eso estoy mami, no se preocupe”, dice un hombre sentado en un cabina telefónica, con la mirada cabizbaja, durante una corta conversación que sostiene con su madre que se encuentra en Perú. Ulises cuenta un episodio de la vida de Julio (Jorge Román), un profesor de historia peruano que llega a Santiago en busca de nuevas oportunidades profesionales y que termina sumergido en un mundo de trabajos precarios e ilegalidad.
Oscar Godoy (44), explica que la historia busca vencer el paternalismo con el que se suele tratar el tema de la inmigración. “La película abre un poco el abanico de miradas y voces sobre esta sociedad, pero no desde el panfleto de denuncia o ensayo sociológico, creo que hay otros medios más efectivos para eso, sino al mostrar una experiencia humana”. Ulises a través de la reflexión y las emociones explora el camino de la trasformación personal que sufre un inmigrante, alguien que deja su patria, pero que tampoco se siente parte del lugar al que llega.
Oscar Godoy, nacido en Valparaíso, pero criado en Venezuela, vivió mucho años en Europa antes de volver a Chile. En esos viajes aprendió sobre el sentido del desarraigo y la inmigración, temas que lo llevaron a pensar en el “síndrome de Ulises”, patología psicológica que afecta a los inmigrantes que no logran adaptarse a su nuevo lugar de residencia.
—¿Cómo surgió la inspiración para este proyecto?
—La idea de hacer la película surgió un poco de experiencias personales y también de haber observado durante mucho tiempo esa condición de desarraigo que tienen algunas personas. Yo crecí en Venezuela y durante mi infancia siempre llegaron muchos extranjeros, chilenos, argentinos y colombianos, y veía que todas estas personas finalmente no lograban pertenecer a ese nuevo sitio al que llegaban. Algunos no podían vivir en sus países por razones políticas o económicas y por eso jamás se resignaron a que su realidad era otra.

"Me interesaba mostrar esa arista, la trasformación interna del viajero, de mi Ulises personal". Oscar Godoy, director de Ulises. Foto: María Belén Miranda.
—¿Es tu historia?
—No, pero es una recopilación de vivencias. Yo regresé a Chile ya convertido en adulto y comencé a vivir esa condición de extranjero, de no pertenecer a este sitio. Después me fui a Europa y ahí vi a una gran cantidad de latinoamericanos y siempre me preguntaba lo que pasaba con esas personas desde un punto de vista interno, de su mundo emocional. Dejaban familia, a su gente y llegaban a una tierra desconocida en que se formaba algo nuevo, un poco errante. Cuando vuelvo a Chile otra vez, veo esos mismos rostros, esas mismas personas, entonces ahí como que me surge la idea de decir “¡oye hay que contar esto!”.
—¿Buscabas crear una visión más profunda de la inmigración?
—Gran parte de las películas que tratan este tema son tratados sociológicos. Siempre se cuenta desde la perspectiva de las personas que reciben, nunca desde el que viaja. Me interesaba mostrar esa arista, la trasformación interna del viajero, de mi Ulises personal.
—¿El titulo de la película es porque el viaje de un inmigrante es como La Odisea o es un guiño al libro de James Joyce?
—Por Joyce no, es poca la gente que ha logrado terminar de leer ese libro. La película más bien trata de una odisea emocional de los viajeros de estos tiempos, personas que no logran pertenecer al sitio donde están y que si miran para atrás, el sitio que dejaron tampoco les pertenece, porque ese mundo ya cambió, por ese lado viene el paralelismo. Por otro lado, en La Odisea de Homero, Ulises regresa como un héroe vencedor y eso en la realidad nunca es así. La historia habla más bien de la condición humana, de ese héroe que trastabilla, esos viajeros que básicamente se caen y tratan de seguir adelante pero van tropezando en el camino.
Marcar la ruta para el viaje
—¿Cómo fue el proceso de escribir el guión?
—Primero parte con una imagen que se me vino de forma muy clara a la mente, la desarrollé y esa fue la base. Le conté del proyecto a un amigo que es guionista, Daniel Laguna y él desarrolló después una versión del guión. Fuimos pinponeando y lo fuimos puliendo durante sucesivas versiones. Después trabajamos con un asesor de guión, que se llama Eliseo Altunaga, él está detrás de una gran cantidad de películas chilenas de los últimos tiempos como Machuca, Tony Manero y Post mortem. Fuimos a la Habana y pulimos el guión con él. A partir de ese guión, yo filmé otra cosa, porque el guión siempre es sólo un punto de partida. Uno va encontrando otras cosas en el rodaje, después en el montaje. Para mí filmar es ir descubriendo cosas. Al principio tienes una idea para donde quieres ir, pero después vas armando en el camino.

Afiche de la película.
—Tú filmaste parte de la película en un estilo semi-documental con extras reales, ¿cómo fue ese proceso?
—La película es una ficción de arriba abajo. Lo que pasa es que se trata de realizar un acercamiento hacia la realidad, tratando de mostrarla desde una óptica que no tenga una manipulación previa. La mayoría de las cosas están construidas, están elaboradas para la película. Gran parte son cosas que yo vi, que investigué para recrearlas con cierta verosimilitud. Para mí era muy importante que el proceso de filmación no fuera avasallante, que no hubieran siete camiones detrás de los actores y que perturbaran la escena. Los actores tenían que ser capaces de dar al espectador una sensación de realidad. Para capturar cierta verdad, uno debe despojarse del artificio cinematográfico. En mi caso, el camino que yo encontré fue rodar con pocas personas, extras entre medio de otra gente para que fuera lo más natural posible.
—¿Cómo seleccionaron al actor principal?
—Fue un proceso bastante largo. Cuando estábamos desarrollando el guión, un amigo, Felipe Braun, me sugirió a Jorge Román, un actor argentino con el que había actuado en Mi mejor enemigo. Yo le dije que no, porque quería un protagonista diferente, un actor que no fuera como un galán televisivo, para que cuando sentara al actor en medio de la Plaza de Armas se viera real. Que el espectador no supiera cuál era el actor y cuál el extra. Román encajaba muy bien, pero yo lo deseché pensando que era argentino. Después fuimos a Perú, y habían muy buenos actores pero o eran muy jóvenes o muy mayores. Viajé a Bolivia y había un excelente actor pero se veía muy joven. Al regreso alguien me volvió a sugerir a Jorge y todo encajó. En una película lo importante es trasmitir, no el lenguaje.
En la Cineteca Nacional
Ulises se exhibirá hasta el 10 de octubre a las 20.15 hrs. en la Sala de Cine en 35 mm. y hasta el 9 de octubre a las 16.00 hrs. en el Microcine Dvd.
Llegar a destino
La ópera prima del director Óscar Godoy, después de un destacado paso por el Festival de Cine de la Habana y el Festival Internacional de Cine de Valdivia, en las secciones Work in progress y su estreno internacional en el Festival Internacional de Cine de San Francisco, logró ganar el Santiago Festival Internacional de Cine (SANFIC) en la categoría “Mejor película chilena”. La cinta, ya vendió sus derechos internacionales a la compañía Kevin Williams y se está exhibiendo de manera comercial en el exterior.
—¿Qué significó para ti ganar el SANFIC?
—No fue muy esperado, pero sí muy lindo e importante. Primero, porque es un reconocimiento a un trabajo que uno trata de hacer con cierta rigurosidad y que tú no sabes bien, a veces, como va a ser recibido. La película tiene una propuesta bastante apartada de otro tipo de películas que se hacen en Chile, tanto por la temática, la forma y en cómo está contada la historia. El hecho de que un jurado que viene de afuera logre conectarse con la historia, es maravilloso. Además ayudo a darle visibilidad y sentido a la película.
—¿Tú le das importancia a los festivales?
—Para nada. Eso da lo mismo, las películas no se juzgan por la cantidad de espectadores que hicieron o que hayan estado en el festival de la “Conchinchina”. Para mí todo se basa en la experiencia que generan al espectador, películas que les ayuden a entender algunas cosas sobre las relaciones humanas.
—¿En tu opinión cómo es el cine chileno actual?
Es una paradoja, porque se está viviendo como una pequeña edad de oro en las que hay muy buenas películas, pero recién ahora se están ampliando las voces.
1 comentario Etiquetas: Cine, cine chileno, Director, Inmigración, Inmigración peruana, Jorge Román, La Odisea, Oscar Godoy, Perú, SANFIC, Ulises
Excelente entrevista. Es bueno saber sobre el enfoque que existe
Detrás de cada pelicula.
Felicitaciones!!!