Reporteado por: Diego Zúñiga En categorÃa: Tiempo libre
Ha ocurrido un desastre nuclear y unos pocos han sobrevivido. Entre ellos un padre y un hijo que recorrerán pueblos abandonados, intentando seguir con vida en un mundo devastado. De eso trata La carretera, dirigida por John Hillcoat quien realizó una adaptación de la novela homónima de Cormac McCarthy, aunque sin tan buenos resultados.
Esta es la historia del padre (Viggo Mortensen) y un hijo (Kodi Smith-McPhee) que sobreviven al fin del mundo. O algo parecido al fin del mundo. Una catástrofe nuclear que nunca vemos por completo, pero se comienza a manifestar en el paisaje: todo está devastado, el cielo siempre gris, las casas y los pueblos abandonados.
En este terreno apocalÃptico, o post-apocalÃptico para ser más precisos, se desarrolla La carretera, dirigida por John Hillcoat y basada en la novela homónima del norteamericano Cormac McCarthy, premiada con el Pulitzer 2006.
En el fondo, esta es la historia de un padre que tiene miedo de dejar a su hijo en un mundo donde ya no hay reglas, donde no hay nada, sólo sobrevivientes. Personas que se cruzan mientras ellos avanzan por una carretera, sosteniendo un carro de supermercados, buscando comida o algún lugar donde dormir. Personas que se comen a otras personas, hombres y mujeres que pasan a ser parte de la gente mala, como le dice el padre al hijo. Gente en la que no hay que confiar.
Es dentro de este terreno que se mueve La carretera. Y probablemente uno de sus mayores méritos sea la creación de una atmósfera especial, donde el mundo devastado se logra reflejar tanto en el paisaje como en los personajes. De hecho, el padre es, en estricto rigor, un hombre devastado que sabe que morirá en cualquier momento y que tendrá que dejar a su hijo solo. Un hombre devastado, además, porque perdió a su mujer y la recuerda constantemente. Recuerda los momentos felices, cuando no habÃa ocurrido el desastre nuclear y vivÃan juntos, en familia. Aunque hay que decir que esos recuerdos, en términos cinematográficos, son bastante flojos, algo sentimentales incluso.
Y acá, probablemente, comienzan los problemas: en lo sentimental. Si bien es cierto que Hillcoat intenta ser contenido, como lo es McCarthy en la novela, no lo consigue en plenitud. Porque más allá de lograr momentos realmente tensos, donde La carretera se convierte, a ratos, en una pelÃcula de terror, esta relación entre el padre y el hijo no consigue afirmarse plenamente. Y eso resulta más evidente para quienes leyeron la novela. Porque Cormac McCarthy narra la historia con un tono seco, duro, donde en ningún momento el lector escucha al padre hablar a su hijo con tono compasivo, como sà ocurre en la pelÃcula.
Y es cierto, resulta molestoso comparar la pelÃcula con el libro, pero también es algo que se debe asumir cuando se realizan adaptaciones, como ocurre en este caso. Porque, en el fondo, cuando adaptas debes tomas muchas decisiones, pero la principal se refiere a si el director será completamente fiel al libro (o lo intentará, como ocurre en este caso), o más bien hará una adaptación que tiene que ver con la relectura que ha realizado el director de la novela, que probablemente sea la opción que más resultados positivos ha tenido (desde Hitchcock a Kubrick).
El tema es que cuando se quiere ser fiel al libro hay que radicalizar esa opción, algo que no ocurre en este caso. Sobre todo pensando, por ejemplo, en un par de escenas como cuando el niño ve, por primera vez, el mar. Es un momento importante, importantÃsimo en la novela, pero que en la pelÃcula se pasa de largo, no se detiene a reflexionar en la importancia de ese instante.
Lo más curioso es que más allá de usar por momentos la voz en off (que resulta insoportable, a pesar de que las palabras que dice provienen del libro), para tratar de guiar la historia, la novela tenÃa una gran cantidad de diálogos secos y escenas muy claras que, de hecho, al leerla daba la sensación de que era inevitable que la adaptaran al cine. Pero claro, el proceso no es tan fácil como uno cree.
Por último, no podemos obviar el final. McCarthy evita el sentimentalismo. McCarthy mantiene la dureza y el tono seco del relato. Hillcoat no. Hillcoat se sale, de alguna forma, de libreto y termina con otro final, olvidando la contención, la dureza y el tono, lo cual resulta un reflejo de los problemas que afectan a la adaptación.
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