Reporteado por: Alejandro Bruna En categorÃa: Tiempo libre
La nueva pelÃcula de MatÃas Bize, La vida de los peces, presenta una pareja que deambula entre un pasado y presente agridulce, donde lo más relevante queda en manos del espectador.
Hay peces denominados diádromos. Durante su existencia viajan entre agua salada y dulce, turnándose sin saber por qué y viviendo una vida dual, fragmentada por corrientes. No son ni de un lado ni del otro, y en ese sentido, el concepto de pertenencia, el lÃmite de lo propio, es difuso para ellos.
Pasa algo similar en el nuevo filme de MatÃas Bize. Hay una pareja que no existe, pero que es. Un recuerdo y un pasado que los marca, los define, pero no del todo. Hay un difuso sentido sobre lo que realmente sucede y lo que uno ve.
Hablar de la temática de las cintas de Bize es hablar de parejas, fases y de identidad. En sus tres cintas anteriores (Sábado (2003), En la cama (2005) y Lo bueno de llorar (2006)) el director presentaba parejas que son y no son, que deambulan entre el deseo y el quiebre.
La vida de los peces parte de la misma premisa. La historia es de a dos, como tienden a ser las pelÃculas de Bize, y transcurre en una locación. Si En la cama era un motel, y en Sábado una tarde santiaguina, en La vida de los peces todo pasa en una fiesta de cumpleaños. Un carrete/despedida donde Andrés (Santiago Cabrera), un periodista de viajes que lleva diez años viviendo en Alemania, se reencuentra con su pasado, un secreto, y Beatriz (Blanca Lewin), su ex a la que nunca pudo olvidar del todo.
Al igual que En lo bueno de llorar, la historia depende del poder de cohesión del espectador. Para entender lo que sucede, lo que sucedió, hay que escuchar a cada uno de los personajes que aparecen con cuidado, pues cuentan partes de la historia de un amor inconcluso a través de sus vivencias. Una historia fragmentada, de momentos dulces como el recuerdo de un huevo a la copa con el mejor amigo de la infancia, seguido de recriminaciones que ahondan en la pérdida, el dolor y aquello que no se dice.
El gran logro, a diferencia de su cinta anterior, es que en La vida de los peces Bize nos presenta una historia dividida, pero sin partidarios. Los amigos de Andrés cuentan sus impresiones sin caer en el juego de juzgar ni al uno ni al otro. ¿Quién es el malo, el culpable del quiebre amoroso? ¿Quién deberÃa asumir la culpa?, son preguntas que se evita responder, dejando esa tarea en el espectador.
Beatriz le dice en un minuto a Andrés: “Eres egoÃstaâ€, a lo que él responde “SÃ, lo soyâ€. Y es que ha pasado mucha agua bajo el puente, lo que fueron dista mucho de lo que son, y ya cambiaron de agua en direcciones contrarias. No saben muy bien lo que quieren de cada uno. Mientras miran un acuario y comparan la vida con facebook, con ser espectadores de la vida de los otros, al verdadero espectador no le queda más que mirar a los peces y ver cómo nadan por corrientes distintas, sin comprender el porqué, sin tener la necesidad de entenderlo.
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2 comentarios Etiquetas: cine chileno, En la cama, La vida de los peces, Lo bueno de llorar, MatÃas Bize, reseña, Sábado
Me parece notable como inicias tu crÃtica, haciendo un paralelo con los peces Diádromos.
Buena CrÃtica, gracias por ello!!
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