Reporteado por: Francisca Stuardo En categoría: Tiempo libre
El viernes 28 de mayo, Yann Tiersen remeció el Nescafé de las Artes. Lejos de la música reposada que se le conoce y los valcesitos de Amelié, mostró adelantos de su nuevo trabajo, cargado a las guitarras y los sintetizadores. La carnada cinematográfica funcionó a la perfección: los aplausos y ovaciones despidieron al francés en un show que no necesitó de artilugios para encantar a su auditorio.
Afuera del teatro, las luces amarillentas y la lluvia hacen creer que estamos en París. Las bocas rojas, chaquetas de cuero y pitillos también lo anuncian: The Sartorialist tendría material de sobra. Sin embargo, el panorama se ve interrumpido con una señora que vocifera bebidas y papas fritas, mientras otras vende stickers y bolígrafos con el rostro de Amelié. No es París, es Santiago de Chile sacudido por la visita del compositor Yann Tiersen.
Una vez dentro, el trámite toma su tiempo. Primero, la tibia introdución de Fernando Milagros, más campestre que indie deja al público a expensas de aburrirse. Pasan cinco, diez, quince minutos. Nada. Recién una hora después de lo acordado, aparecerá Tiersen, el músico que se paseó durante años por los conservatorios de Nantes, Boulogne y que creció amparado por los Stogees.
La espera es un detalle: con los primeros acordes, el arsenal del francés sacude hasta a los más compuestos. Mirando la lista de eventos de su MySpace, cuesta creer que haya desembarcado en SCL. Tiersen abre con una larga intro, cargada de sonidos oscuros y rockeros. Recuerda a Radiohead, en su disco Ok Computer. También a Wilco, cuando se calma. Pero su gracia es ir más allá, ser capaz de tomar una guitarra y agitar al público y luego callarlos con un solo de violín que demuestra su calidad como músico y multi-intrumentista, cuyo legado más mainstream -la banda sonora de Amelié y Good Bye, Lenin- es abusado por programas culturales y noticieros nacionales.
Este viernes 28 de mayo, en su gala, la concurrencia promedio ha dejado la adolescencia hace un par de lustros. Sin embargo, los sonidos tétricos y la guitarra sicodélica, casi dadaísta de su acompañante, los engañan por segundos. Luego, algunos caen en cuenta de la pulcritud del show, digna de quien ha entregado gran parte de su vida a entender la música. Ni siquiera los problemas de sonido, casi al final de la velada, opacaron las ovaciones cuando terminó.
“Otra, otra” corean todos, para ver una vez más a Tiersen sobre el escenario, un Tiersen que pasó los treinta pero aún luce bien con jeans gastados y el pelo casi como melena, cayendo por su frente. Pese a que su voz casi no sonó -los temas eran en su mayoría, instrumentales- cuando lo hizo, los seguidores de este músico aplaudieron de pie, sin tapujos. Tampoco les importó que la conexión con el público fuera casi nula: bastó con que uno de sus acompañantes susurrara “de pie”, para que todos, obedientes, respondieran al instante.
Para los que esperaban la cálida melodía de carrusel fue un acto fallido. Para aquellos que esperaban un show de calidad, las sonrisas a la salida con la lluvia de fondo, delataron que fue tarea cumplida.
1 comentario Etiquetas: Amelie, banda sonora, Concierto, Good bye, Lenin, Nescafé de las Artes, Yann Tiersen
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