Reporteado por: Jorge González En categoría: Tiempo libre
Ni documental ni ficción. Uno de los estrenos más inclasificables de esta versión del Festival In-Edit Nescafé es la película El Cantor, dirigida y protagonizada por Dean Reed. ¿En dónde más veremos actuar a Isabel y Ángel Parra en un universo paralelo, donde en el Chile de la Unidad Popular se hablaba alemán?
Dean Reed fue uno de los personajes más singulares entre los músicos de los 70’s, lo que es significativo, entre tantas personalidades excéntricas de la época. Cantante romántico, como tantos que exportaba Estados Unidos, le decían el “Elvis Rojo” , por el éxito que tuvo en en la Alemania socialista, y que en una visita a Chile se involucró ideológicamente con las causas políticas de la Unidad Popular. Cuenta la leyenda que fue amigo de Víctor Jara, a quien rindió homenaje en la película El Cantor, grabada a cuatro años de la muerte del chileno.
La primera de las singularidades fue que en el estreno de la versión subtitulada en Chile se encontraba uno de los actores, que en la cinta interpretaba a un niño, en una suerte de alegoría a la canción “Luchín”. Lo de la traducción es uno de los temas más raros: como fue financiada por la RDA, la mayor parte de la película está hablada en alemán, aunque fue rodada en Bulgaria, para establecer una ambientación más acorde a la realidad chilena en tiempos de la Unidad Popular.
El cantor, que es nada menos que Víctor Jara encarnado por Reed con poncho y bigote, trabaja arduamente en la construcción de un nuevo Chile durante la Unidad Popular, pero sus esfuerzos son torpedeados por el sabotaje constante al Estado por parte de empresarios de derecha y militares chilenos con financiamiento norteamericano. Es la historia trágica, como tantas veces la hemos escuchado, pero con un manierismo que la vuelve una obra de codificación compleja, una especie de biografía del cantante popular chileno.
En las escenas donde aparecen militares confabulando planes contra el gobierno, como música incidental se escuchan psicodélicas melodías que no tienen nada que envidiarle a la banda sonora de Starsky y Hutch. Muchas veces, la excesiva amabilidad y bondad de este cantor, a veces peligrosamente cercano a una especie de Charles Ingalls en la UP, amenaza con quitarle la solemnidad con que probablemente se pensó construir la historia.
En contraparte, las escenas protagonizadas por niños son las que mejor promueven una reflexión sobre ese tiempo, como cuando se ve a un grupo que conoce por primera vez las duchas con agua caliente, -piensan en un futuro donde “cada niño tendrá su propia cama”, haciendo recordar a un sector menos favorecido del país que siempre se ha llevado la peor parte de los procesos históricos.
Con las actuaciones del ex ministro de Allende, el socialista Clodomiro Almeyda, Isabel y Ángel Parra, que vivían en exilio en la RDA, los momentos de la película más emotivos son las canciones de Víctor Jara que Dean Reed interpreta durante la película, como “El hombre es un creador”, “Ni chicha ni limoná” o la versión en alemán que aparece en los créditos finales de “Plegaria a un labrador”. Toda una curiosidad.
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