Reporteado por: StefanÃa Doebbel En categorÃa: Actualidad
Si este domingo te levantaste tarde y no hiciste nada en todo el dÃa, o fuiste a votar y después escuchaste música tirado en el pasto, no sabes lo que te perdiste. Lástima, no todos pueden tener la suerte de ser los elegidos para cumplir este deber cÃvico.

Foto: Camila Gatica/Km Cero
Sólo querÃa revisar en qué colegio me tocaba votar. Como cualquier persona, mi objetivo era ir, marcar la rayita y volver a mi casa. Todo esto en tiempo récord. Pero cuando hace tres semanas me metà a la página del Servel, me encontré con la grata noticia: “Usted ha sido designado/a vocal de mesaâ€. Desde ese momento hasta el dÃa de las elecciones fui el blanco de la lástima colectiva. Todos los que se enteraban de mi desafortunado designio, respondÃan con un “uh, pobrecita, ¡qué lata!â€, o “uyyyy, pero ¡cómo tan mala cueva!†y me miraban con cara de pena. Pero el tan despreciado oficio resulta tener varias gracias, partiendo por el mismo hecho de ser elegido de entre millones. Algo de mÃstico tiene, ¿no?
Como olvidé por completo que tenÃa que ir el 5 a reconocer mi mesa, me levanté muy temprano el 13. QuerÃa compensar mi despiste y ser la primera en llegar para que mis compañeras, no me odiaran tanto. Obvio, yo también detestarÃa a la que no llegó: se queda durmiendo en su casa y por no haber llegado a la constitución de mesa, se libra de ser presidenta, que por lejos, es el cargo más latero: la pobre tiene que ir al dÃa siguiente a dejar el acta al registro electoral, firmar cada voto en el conteo y dar la cara ante cualquier “pastelazo” que se mande su mesa.
Llegué a las 6.30 a la mesa 147 (la penúltima) del Colegio San Pedro de Nolasco, y efectivamente aún no habÃa nadie. Poco a poco empezaron a entrar mis “colegas”: todas recién salidas del colegio y cada una más arregladita que la otra. Nadie cachaba nada y yo no era la excepción. Poco antes de las siete llegó la presidenta. Me miró con cara fea por no haber venido al reconocimiento y me dijo, casi como si me estuviera despidiendo, que ya todos los cargos de relevancia habÃan sido ocupados. Yo serÃa una simple vocal. Sin embargo, como a las siete todavÃa no habÃa llegado la comisario, tuve el honor de ocupar su puesto. De algo sirvió levantarse temprano.
Si ya te tocó ser vocal y pasar el dÃa entero sentada, muerta de calor, repitiendo a cada votante la misma explicación, mÃnimo salir con un tÃtulo ¿no? Después puedes decir: “No Sr., yo no fui vocal de mesa, fui ¡co-mi-sa-ria!. Mucho más importanteâ€. Además, dentro de las opciones, es lejos el mejor cargo. Sales con tu tÃtulo y tu única responsabilidad exclusiva es ir a buscar y a dejar los materiales.
Luego de disponer toda la escenografÃa para que empezara el sufragio –ordenar el montón de papeles y sobres, poner los candados a las cajas, dejar lista el acta de constitución de la mesa y decidir qué harÃa cada una- llegó la primera votante: una monja. La religiosa nos tuvo una paciencia divina. Más bien fue ella la que nos guió en cada paso. Buscarla en el libro de registros, anotar en otro cuaderno los números de sus papeletas de voto y luego explicarle –aunque más bien fue ella la que nos explicó- cómo se dobla cada sufragio.
Pero a la salida de la caseta, después de depositar los votos en las urnas, viene la mejor parte: mancharse el dedo. El gran absurdo de los absurdos, ya que ahora no es necesario estampar la huella digital en ninguna parte. Solamente está para aquellos que tuvieran algún impedimento para firmar. Pero pese a eso, la gente se llena el dedo gordo de tinta, unas felices y otras asqueadas aplastan su pulgar contra la esponja y luego se limpian.
En el transcurso de la mañana ya habÃamos agarrado la técnica. De hecho, en la hora peak – extrañamente la hora de almuerzo- estábamos hechas unas máquinas. Éramos una de las pocas mesas que no tenÃa una fila serpentaria que se enroscaba por los pasillos del colegio. Cada votante que llegaba, miraba incrédula que no tenÃa que hacer cola y entonces procedÃa a hacer el trámite como si fuera una maravilla. Yo me encargué de explicar 346 veces – el doble técnicamente porque lo repetà también con la papeleta de diputados- cómo se dobla correctamente el voto. Quedé convertida en una mezcla perfecta entre profesora de origami y azafata robótica. Al medio dÃa ya lo repetÃa de memoria: “Para doblar correctamente su voto, Ud. hace dos pliegues hacia el lado, asÃ. Y luego uno hacÃa arriba, asÃ. De forma que le queden dos pestañas. La que contiene el número la deja afuera, y con la otra cierra su voto y lo sella con esta estampillaâ€.

Foto: Camila Gatica/Km Cero
Pese a la exhaustiva propaganda, algunas recién se vinieron a enterar en ese momento que también tenÃan que votar por diputado. Varias se demoraron siglos dentro de la caseta. Yo estaba ilusionadÃsima pensando que quizás estaban embaladas haciendo un dibujo, pero no. Lo que sucedÃa era que, o no encontraban la manera de doblar el voto, o no entendÃan cómo pegar la estampilla. Una chica se asomó por la cortinilla y preguntó con cara de asco: “¿Cómo lo hago?, ¿tengo que pasarle la lengua a esto?â€.
La mayorÃa de las votantes no pasaban los 25 años. Una que otra vez, se aparecÃan señoras y otras veces ancianas. Pero sÃ, la mayorÃa eran jóvenes ABC1 ultra bronceadas con voto predecible. ¡Pero qué prejuiciosa, por Dios! Bueno, sÃ, pero no fui la única. Una de mis compañeras de mesa, mientras nos comÃamos un sándwich –todas vinieron preparadas con galletitas, bebidas y hasta hielera- nos dice totalmente segura de su afirmación: “Ay, qué suerte que todas votamos por el mismo. O sea, imagÃnate aquà hubiera alguna que votara por Arrate, el que se va por el waterâ€, y todas se rÃen. Yo no pude resistir la tentación y le dije con la cara más seria que pude: “Yo voto por Arrateâ€. Aunque no hubiera votado por él, se lo hubiera dicho igual. Sólo para disfrutar cómo su cara –ya muy blanca- empalideció bruscamente y sus ojos casi se le salen. Entonces luego del incómodo silencio, agregó: “¡Ay, sorry! De verdad, o sea, perdóname. Pero en serio, o sea cero mala onda. Si fue en broma, yo soy súper toleranteâ€.
En mitad de la tarde, ya todas estaban cansadas, asà que la entretención fue tomar breaks a ver si habÃa algún famosillo afuera. Las escuché emocionadas por Vodanovic y por Daniela Campos. Y luego de eso, casi sin darnos cuenta, quedaban sólo 20 personas por votar. De los 350 que tenÃan que llegar, asistieron 346. Los dos últimos votos fueron el de una de mis compañeras y el mÃo. Ella antes llamó a su papá para preguntarle por cuál diputado debÃa votar y él le recomendó que eligiera a Ernesto Silva. Yo entré después, empeñada en que querÃa ser la última. Qué se yo, tal vez el capricho era por la ilusión de que un último voto puede ser decisivo. Aunque, tenÃa más que claro que en este caso no iba a ser asÃ.
A las 16:06 minutos cerramos la mesa. No sin antes haber gritado a viva voz: “Último llamado: se cierra la mesa 147â€. Todas pensamos que el conteo serÃa la parte más entretenida, y antes de abrir las urnas, cada una hizo su apuesta a ver quién se acercaba más al resultado final. Pero con el cansancio y la monotonÃa de las preferencias fue un desafÃo mantenerme despierta.
Luego de que la presidenta hubiera repetido más de cien veces “Piñeraâ€, seguida del “yuhu†de una de mis colegas que acompañaba cada mención del candidato, nos pusimos a inventar sobrenombres para que la tarea no fuera tan molesta: Sebi, Tatán, Piña, el Seba, Piraña, Piñata fueron algunos de los pocos que nuestras mentes pudieron inventar a esas alturas. Mis ganas de ver un buen voto nulo que me entretuviera la tarde fueron en vano. Una papeleta estaba llena de corazoncitos y otra, la única relativamente memorable tenÃa una opción 5 marcada en donde agregaba “Ninguno es mujer, asà que no voto por nadieâ€. El resto, marcaba claramente su preferencia. Me quedé con las ganas de objetar, pero nada.
Del total de los votos válidamente emitidos, 33 fueron para ME-O (una de mis compañeras no soportaba que dijeran “MEO†porque lo encontraba muy asqueroso), otros 30 para Frei y sólo 12 para Arrate. Todo el resto para Piñera. Claramente, la que ganó la apuesta fue la niña que gritaba “yuhuâ€, la misma que llamó a su papá y que tenÃa el eslogan de que Arrate se va por el water.
Luego del conteo de la urna de diputados, en la que ganó Monckeberg, pese a la cara larga de la apoderada de GarcÃa-Pinochet, ordenamos todos los sobres, terminamos de llenar las actas, firmamos todos los papeles correspondientes y cumplà con mi última tarea como comisaria: ir a entregar de nuevo la cajita con los materiales al fondo del colegio, de donde salimos a las ocho en punto. Más de 12 horas de deber ciudadano. Ahora me muero de ganas de que llegue pronto el 17 de enero para repetir el panorama. Y fijo que para la próxima elección llego tempranito para ofrecerme como voluntaria. Ni loca me lo pierdo.
15 comentarios Etiquetas: Colegio San Pedro de Nolasco, comisario, elecciones 2009, StefanÃa Doebbel, vocal de mesa, voto
ajajaj buenÃsimo. Te juro q aunque nadie me lo cree, yo sà querÃa ser vocal.. sólo para saber cómo era y no hablar sin tener conocimiento de causa como mucha gente. Además me parece interesante el conteo de votos, saber quién gana en tu mesa, y pensar que sin los vocales, las elecciones serÃan imposibles.
Pero bueno, para la otra será ..ajaja
saludos!
Me gustó mucho la nota!, hasta me dieron ganas de ser vocal!
Quizás no podrÃa decir que deseo ser vocal de mesa con todo mi corazón, pero si me gustarÃa ponerme algún dÃa del otro lado del mostrador para ver qué se siente.
Esta fue mi primera experiencia como “votante”, y creo que la recordaré por siempre por ese único hecho, que justamente fue elección presidencial. Creo que hubiese sido un hito mucho más significativo para mà si además me hubiese tocado ser vocal de mesa, asà que te envidio por haber tenido tal experiencia que estoy segura nunca olvidarás.
Excelente columna…
Saludos,
Tamina
De nuevo, un gran reportaje. Muy buen trabajo Steff, te felicito, y no sólo por el reportaje, sino por el hecho de soportar a tus compañeras de mesa.
In-cre-Ãble.
Me encantó la pluma, un siete. Buen humor as well.
Concuerdo absolutamente con MartÃn: felicitaciones por haber aguantado 12 horas a tus compañeras de mesas!!
Gran texto.
qué entretenido texto, aunque si yo fuera tú, irÃa cambiando mi inscripción, para ver algo distinto quizás
Empecé leyendo atraÃdo por el tÃtulo (quién será la nueva chistosita que viene a llevar la contra al mundo en km cero), pero me fui quedando porque estaba entretenido. Gané dos cosas: me entretuve y ahora sé en qué consiste ser vocal de mesa. Gracias.
Entretenida la labor y la forma de plantear la labor, muy bein escrito. Paciencia con las ocmpañeras, ahy de todo en la viña del señor. Me gusto , felicitaciones
Me tocó ser presidenta de mesa en estas últimas elecciones, y puedo decir que se me cansó el brazo de tanto firmar(saquen la cuenta: 233 votos de diputados, 233 de presidente, 10 sobres, 1 caja y dos actas en triplicado). Mis compañeras de mesa eran simpáticas asà que no puedo decir nada y tratamos de hacerlo lo mejor posible.
Lo bueno es que todas las sumas coincidieron y no hubo necesidad de repetir el conteo. Lo malo, que las señoras alegaran porque cerramos a eso de las 15:00 horas para “tragar”(porque aquello no fue comer) algo.
Y con el dinero del cheque estoy pensando si me voy de vacaciones a Cancún o a Punta del Este.¡¡Ja,ja!!
En todo caso, fue muy buena experiencia.
Muy buena la narración en primera persona y en los detalles que se fijó la periodista… nunca nos hubiéramos enterado del slogan de Arrate en Las Condes ni de la niña que llama a su papá para saber por quién votar si no es por esta crónica.. un entretenido lado B de las elecciones, Felicitaciones!!
Muy entretenido!
Cuando me lo contaste y me dijiste la mala suerte que habias tenido, te conteste que lo tomaras con sabiduria y que ibas a conocer la otra cara de la moneda. Ahora se que estuve acertivo con la respuesta.
Recuerda que yo estuve tambien 12 horas de apoderado “parado y sin nada de comer o tomar”en las elecciones de alcalde en Quilicura y cada escena, reclamo y mal comportamiento de los votantes fue de ejemplo de como los vocales lograban con mucha “armonia y moderacion” calmar los animos a todos.
Una vez mas mis congratulaciones……de tu???????
siempre he querido ser vocal de mesa, y aun no me llaman.
pero tampoco me he dado el trabajo de levantarme bien temprano para que me dejen, yo creo que ahi se convierte en fanatismo.
¡¡¡Excelente !!!, te felicito por tu capacidad de redacción, usas una forma amena y entretenida, que aparte de describir lo sucedido, también informa en parte la responsabilidad de quienes son elegidos para tal cometido…
Me tocó ser presidenta por 3 elecciones consecutivas.mmmm, pero tengo mucha paciencia al igual que tú… para soportar todo tipo de personalidades..
bendiciones , mucha luz y energÃa para la próxima..
Amanda.