Reporteado por: Mariana Ardiles y Diego Zúñiga En categoría: Tiempo libre
Esta es la historia de cómo una caricatura le cambia la vida a un hombre. De cómo ese hombre encuentra su vocación y crea a un personaje entrañable, chistoso que le da sentido a su vida. Esta es la historia de Marco Canepa, dibujante, y Juanelo, el dibujo.

Ilustración: Marco Canepa
Él no recuerda su nombre, pero ella, de alguna forma, cambió su vida.
Él no recuerda su nombre, pero sí los momentos en que sus conversaciones fueron dándole forma a la decisión que él tomaría después. Una decisión de aquéllas.
Y no es difícil imaginárselos, en la consulta de ella, conversando, él intentando que ella entienda la historia que le está contando, que lo ayude a encontrar respuestas a las dudas que lo perturban. No es difícil imaginarlo a él, Marco Canepa (30), contándole sus historias de la Facultad de Arquitectura de la PUC; historias de días malos, días en los que está perdido, sin saber muy bien qué hace en ese lugar, mientras ella, que no tiene nombre porque él no lo recuerda, pero que sí sabemos que es psicóloga, le dice algo que cambia todo: “Marco, tú tenís algo que te encanta hacer y de seguro que está en un cajón”, le dijo ella. Y él, sin demorase mucho, recordó los dibujos donde aparecía ese personaje de nombre Juanelo; hojas llenas de este personaje viviendo distintas situaciones, riéndose, siendo el punto de fuga para Marco, quien no se sentía cómodo estudiando Arquitectura.
Ella, la psicóloga, le dijo que buscara una carrera que le permitiera desarrollar su talento como dibujante de tiras cómicas. Marco, finalmente, decidió por cambiarse internamente en la universidad, e ingresó a Diseño. El cambio oficial fue el año 2002. Cuatro años más tarde se recibiría de diseñador, y esa caricatura, que antes permanecía guardada en unos cajones, se transformaría en uno de los ejes principales de su vida.
La importancia de los tropiezos
Aunque desde niño le gustaba dibujar y hacía algunas historietas, a Marco no le resultó fácil darse cuenta de que quería dedicarse a esa actividad de forma permanente. “Desde chico soñaba con dibujar cómics. Pero la responsabilidad, tus papás, todo te lleva a pensar en otras cosas”, confiesa.
Ahora, si bien tiene un trabajo de medio tiempo como diseñador en una agencia de marketing, todos los días ocupa parte de su jornada en crear un capítulo de Juanelo. O por lo menos lo intenta. A veces el trabajo u otras obligaciones no le permiten actualizar el blog, pero siempre lo intenta.
En el colegio, Marco era el primero de su curso, “el mateíto”, según dice. “Él cumplía, se sacaba todos los aplausos, pero ésos eran los momentos en que él estaba serio. (…) Cuando él lograba disfrutar realmente era cuando hacía sus dibujos, pero a eso le dedicaba poco tiempo”, explica su mejor amigo, José Tomás Videla, con quien se conoce desde primero básico.
Sin embargo, lo poco prometedor que parecía el oficio de dibujante y las recomendaciones de quienes veían que era hábil con el lápiz, hicieron que decidiera estudiar Arquitectura en la Universidad Católica sin tener una idea previa de cómo iba a ser la carrera. Estuvo allí tres años y medio y lo pasó mal, porque entendió que no era su vocación. “Trataba de que me gustara la carrera. Pensaba que yo debía ser como los buenos alumnos, pero mi cabeza no quería saber nada con el tema, y oportunidad que veía de evadirme, lo hacía”, explica.
Y mientras ocurría esto, apareció Juanelo. Comenzó a dibujar durante las clases una caricatura que fue tomando forma con el tiempo. Dibujaba para distraerse, y en ese momento se transformó en una vía de escape. De alguna forma estaba contando también su vida a través de las aventuras de este hombrecillo blanco.
“Coincide con cómo me sentía yo en ese momento en Arquitectura. (A mi parecer) era aplastado, era sometido a toda clase de torturas”, cuenta.
De alguna forma se estaba riendo de su propia desgracia.
Luego, eso sí, dejó de dibujarlo hasta el año 2005. Durante todo ese período vivió los cambios de carrera, las idas al psicólogo y la búsqueda por encontrar una manera de compatibilizar su vocación con las responsabilidades.
Ricardo Roehling, quien fue compañero de Marco en Arquitectura, era uno de los lectores de la tira cómica que en ese entonces estaba en los cuadernos del actual dibujante. Él piensa que Marco estaba desencantado con sus estudios, pese a que le iba bien. “Tenía harta habilidad, pero no le era muy desafiante la carrera, entonces llegó un momento en el que se empezó a aburrir”, comenta.
A mediados de 2001 Canepa se cambió a Diseño, que era una carrera más cercana a su pasión y de la cual egresó cuatro años después. Entonces creyó que ya estaba definido su futuro y formó una agencia de diseño con un grupo de amigos, pero el proyecto no funcionó.
Juanelo Rockstar
Mientras ocurría esto, Juanelo estaba en marcha. Marco había creado el blog y lo tenía como hobby. Sin embargo, de alguna manera, Juanelo también funcionaba como un reflejo de lo que le sucedía a Marco en su vida: “Juanelo era como una vía de escape en estos malos momentos que vivía con esta agencia de diseño. Estaba sin energía para mi pega, sin energía para Juanelo. Y también se vio afectado. En ese período bajé el rendimiento, empecé a dibujar menos”, explica.
Finalmente la agencia de diseño cerró. Sin embargo, a los pocos días surgió la posibilidad de que Juanelo saliera publicado en Publimetro.
“Estaban buscando un humorista gráfico propio y nacional, y alguien pasó el dato mío y me reuní con el director del diario, que había visto a Juanelo. Me hizo una oferta y acepté”, cuenta Marco.
Claro que las cosas no fueron fáciles en un comienzo. Marco tuvo que adaptarse al formato de la tira cómica de los diarios (4 cuadros solamente), por lo que le costó encontrar el tono.
Y la tira cómica comenzó a funcionar. De hecho, un par de veces escribieron al diario para felicitar a Marco por su trabajo con Juanelo.
Ahora Juanelo aparecía en papel. Esto eran las ligas mayores.
Trazar líneas, encontrar el chiste
En su tira cómica, Marco a veces se retrata a sí mismo, con su pseudónimo Can, como un esclavo de Juanelo, que debe dibujar siempre. Y aunque en realidad no se ve a sí mismo como un prisionero y disfruta su trabajo, siente el compromiso con su público de hacer un nuevo episodio diariamente. “Él se siente mal si no entrega a Juanelo cada día, porque les está fallando a los lectores y, además, bajan las visitas”, cuenta Catalina Olavarría, la polola de Marco desde hace casi cinco años.
Hay veces en que está inspirado y llega a la mesa de dibujo con la historia ya pensada. En otras ocasiones, no tiene claro qué va a hacer e incluso debe ponerse a trazar líneas sin saber cómo va a terminar el chiste. “Es una vocación que hay días que tiene de hobbie y hay días que tiene de trabajo. (…) Tienes que dibujar cuando tienes ganas y cuando no tienes ganas”, explica.
“Marco es súper disciplinado y metódico. Siempre ha sido así, ordenado”, dice su amigo José Tomás. Él cree que este rasgo le ha ayudado a Marco a desarrollar su tira cómica y a estar pendiente de nuevas ideas que le pueden servir. De hecho, Canepa siempre lleva consigo una libreta en la que anota sus ocurrencias para la historieta.
“Él se toma muy en serio sus responsabilidades”, señala Catalina. Esto a veces le genera un conflicto a Marco. “Yo soy re bueno para terminar autoimponiéndome obligaciones que nadie me ha pedido que me imponga y después termino sufriendo por ellas”, admite el dibujante. Así, con Juanelo también puede pasarlo mal a veces: para celebrar los mil capítulos, quiso crear un episodio especial mucho más extenso y fondos de pantalla para descargar. Estuvo todo un fin de semana estresado realizando esas tareas, pese a que nadie más que él le exigía hacer algo que le demandaba tanto trabajo.
Además que no hay que olvidar que Marco debe compatibilizar el trabajo de Juanelo con su trabajo en una agencia de diseño.
La mirada del humor
El que Marco se retrate en su tira cómica como un esclavo también ha sido una forma de reírse de sí mismo. “Me he ido, con los años, soltando y aprendiendo a vivir”, confiesa. En este cambio influyeron sus tropiezos al definir su vocación y el hecho de encontrarse con gente distinta a la del colegio en la universidad.
Juanelo ha sido muy importante, dice, para mirar el mundo con más humor. Como el dibujante siempre está buscando chistes y situaciones absurdas en la vida cotidiana, ha ido modificando su forma de ser. “Juanelo es un ejercicio. (…) Si empiezas a reírte de las cosas y lo ejercitas a diario, vas a cambiar”, afirma.
“Marco sabe cómo tomar las partes negativas de la vida y transformarlas en un chiste, ironía, para poder verlas desde lejos y reírse de ellas”, dice Catalina. Así, el dibujante se burla a veces de los políticos o los noticieros de televisión y muestra las reglas sin sentido que hay en la sociedad a través de Juanelo, un personaje ególatra pero también algo ingenuo. Con su tono irónico, saca carcajadas de sus lectores.
José Tomás plantea que el que Marco pueda compartir su visión del mundo con un grupo de lectores, que se ríen con su mismo humor, también ha determinado que se tome la vida más ligeramente.
“Juanelo es donde Marco se da el permiso para reírse también de todas esas cosas que él mismo encuentra como muy serias”, plantea Videla. Quizás por lo mismo, Canepa afirma que Juanelo es su lado oscuro.
Marco rockstar
Octubre. Librería Qué Leo, del Patio Bellavista. Era una fila larga. Hombres y mujeres con libros en la mano. Marco calcula que eran unas setenta personas, todos esperando que él les firmara Juanelo, El Librísimo (RIL editores), libro que reúne las mejores tiras cómicas de Juanelo, además de algunas inéditas.
Cuando Marco habla del libro, se nota que ha sido un paso importante. “Estoy feliz con el libro. No esperaba tanto. El lanzamiento estaba repleto de gente. Se agotaron los libros en cosa de minutos. Como 2 horas firmando libros. Me sentía como un rockstar”, explica entre risas.
Y no es para menos. Luego hizo una presentación en la Feria del Libro de Santiago, en noviembre, y el auditorio central también se llenó.
Y las ventas del libro han estado muy bien. Hasta la fecha son más de 500 ejemplares vendidos. Y además Juanelo no sólo se convirtió en libro, sino que también en un peluche. De hecho, durante estas fiestas de navidad se hizo el combo de un libro más un Juanelo de peluche, lo que fue todo un éxito.
Marco reconoce que está feliz, pero que también está cansado. Por ahora no piensa en nuevos proyectos. Sigue actualizando la página web de Juanelo y trabajando en la agencia de diseño. Se acaba el año y él se ríe. “Ha sido un buen año”, dice, “agitado, pero un buen año”.
2 comentarios Etiquetas: caricatura, chiste, comic, dibujante, diseño, Juanelo, Marco Canepa, publimetro, tira cómica
[...] This post was mentioned on Twitter by Kilómetro Cero, Miguel Concha. Miguel Concha said: RT @kmcero: De la arquitectura al cómic. La historia de cómo Marco Canepa encontró su vocación y creó al famoso Juanelo http://bit.ly/4Kac1m [...]
Muy buen reportaje y entretenido saber algo más de Can.