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La ilusión del debutante

Reporteado por: Camila Luna En categoría: Tiempo libre

Con dos cortos exitosos, Cristián Jiménez ha generado grandes expectativas en el público y los críticos con su primer largometraje. El sociólogo que probó con la literatura y se encantó con el cine ya se presenta como uno de los directores nacionales más prometedores. El 5 de noviembre se estrenará Ilusiones Ópticas, una película con altura de miras.

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El sol entra suavemente por el balcón de Cristián Jiménez (34), logrando iluminar con gran intensidad cada detalle de su adornado living. Desde un gato de plástico dorado al más estilo kitsch hasta una dupla de origamis forman parte del lugar. A las 10.30 de la mañana Cristián ya está vestido, pero arrastra unas pantuflas al caminar. Aún así, pareciera que da firmemente cada paso. Al saludar, su voz es pastosa y le otorga cierto tinte misterioso pero, como una ilusión que se desvanece, tras una hora de conversación, sus palabras muestran que es un hombre con poco que esconder y mucho qué contar.

Cristian Jiménez es un director que no proviene de la academia del séptimo arte, pero fue el responsable de abrir el XVI Festival Internacional de Cine de Valdivia con Ilusiones ópticas, su primera película.  Éste fue un estreno muy esperado, ya que el cineasta tuvo éxito con sus premiados cortometrajes anteriores. Las salas de cine se llenaron cuando se realizó la apertura valdiviana.

Rewind
Oriundo de las orillas del Calle Calle, de niño le gustaban los días lluviosos, leer y correr con su hermana a comer manzanas de los árboles. “Pasaba harto tiempo fuera de la casa, o sea, siempre muy mojado”, comenta el cineasta, y recuerda como una clara escena de película las noches en que se dormía escuchando el sonido del agua que caía por la canaleta que estaba al lado de su ventana.

Cristián también era fanático del deporte. “Practicaba atletismo y se ganó varias lesiones en el intento. Aún así, perseveró hasta el final”, cuenta Daniela, su hermana mayor. Luego, agrega: “Cristián desde chico es bien acelerado, siempre llegaba del colegio contando historias a todo ritmo. Le interesaba eso más que almorzar”.

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Cuando salió del colegio se fue a Santiago y se llevó consigo las canciones cumbieras de su infancia. “Cuando Cristián tenía como 10 años, escuchaba muy a menudo un cassete de cumbias, que también cantaba. Una de sus canciones favoritas es la que aparece en Ilusiones ópticas durante la fiesta en la cervecería”, concluye su hermana.

En cuarto medio decidió estudiar sociología. “Fue un poco un shock para mi familia que, por mis buenas notas, esperaban que estudiara una carrera más tradicional como derecho o ingeniería comercial”, afirma. Sin embargo, se tituló de sociólogo en la Universidad Católica y más tarde viajó a Londres para hacer un Máster en Sociología en la London School of Echonomics, con énfasis en medios de comunicación y tecnología.

Cristián aún estaba lejos del séptimo arte, pero fue allí donde comenzó la atracción. “Empecé a coquetear con el cine cuando estaba en la universidad. No fui cinéfilo desde chico, me partió el gusto como a los 20. Iba bastante enrielado en mi ruta de convertirme en un académico de las ciencias sociales”, declara. Cuando entró a hacer el Máster ya tenía dudas: “No es que la sociología me dejara de interesar, sino que el cine me parecía más seductor aún, aunque muy incierto a la vez. En él, estás en constante evaluación de lo que haces”, agrega.

Su hermana Daniela no recuerda qué pensó cuando Cristián se volcó al mundo audiovisual, quizás porque no existió un punto de quiebre claro que definiera cuándo empezó.  Todo se fue dando de a poco, sin un antes y un después. “Cuando chico decía que quería estudiar economía y luego fue considerado algo bastante alternativo que estudiara sociología. Por eso, que ahora sea director de cine me parece una hermosa decisión que, sin duda, es muy consecuente con toda su historia para atrás”, declara Daniela Jiménez.

Las pocas tardes que Cristián y Daniela pasaban en la casa veían Tardes de Cine en Canal 13, el único que se veía en Valdivia a mediados de los ‘80. Terminaba la función y los hermanos se ponían a imitarla. Un día vieron Nosferatu, de Herzog, y no la olvidaron nunca más. “Solíamos interpretar esa versión de Drácula donde el vampiro de turno tenía que decir: La carencia de amor es el dolor más abyecto”, cuenta Cristián dramatizando con la voz aspirada.

Hace poco fueron juntos al cine a ver esa película. Estaban sumergidos en la oscuridad de la sala cuando de pronto “¡aparece la línea que imitamos tantas veces!”, exclama Daniela emocionada. “Fuimos los únicos muertos de la risa en esa parte (…) Al parecer Cristián tiene razón en que las películas que daban, eran buenas películas”, reflexiona Daniela.

A Crisis, como le llaman sus amigos sin que él sepa por qué, también le gustó la literatura desde pequeño. Durante todo un verano, jugó a “la profesora” con su hermana mayor y por eso aprendió a leer mucho más rápido que sus compañeros. “Le gustaba sacar muchos libros de la biblioteca, aunque no sé si los leía todos, pero le dieron un premio por eso”, comenta su hermana. Cristián se ríe al recordar el episodio y se defiende aclarando que los leía todos.

La literatura y ese gustito por entretenerse al aire libre en los paisajes de Valdivia serían los primeros elementos que marcarían su camino hacia el cine. La historia de Ilusiones ópticas cruza la vida de varios personajes valdivianos. Personajes que comparten sueños y frustraciones en un mundo que parece irreal. Sus viajes y largas estadías en el extranjero fortalecerían su vocación y terminaría encontrando su riqueza como director, productor y guionista.

Para Víctor Fajnzylber, profesor de cine de la U. de Chile y amigo de Cristián, la literatura fue determinante en su vuelco al cine. Él cuenta que al director le gustaba mucho escribir, y su primera aparición en medios fue en El Show de los Libros, cuando estaba en la universidad. “Ahí, se llevó a imágenes un cuento que escribió Cristián sobre el boxeo, llamado Fuera de Combate. Creo que eso le permitió acercarse más a lo audiovisual”, cuenta Víctor. Con el tiempo fue desarrollando un trabajo personal de escritura, que terminaría especializándolo en guión. Hasta ahora, ha co-escrito los guiones de dos películas de su socio en la productora Retaguardia Films, el director Andrés Waissbluth, Los Debutantes (2003) y 199 recetas para ser feliz (2008).

Sin embargo, no se divorciaría de la sociología, pues como declara el mismo Waissbluth, ésta sería una potencia para su carrera: “El cine y la sociología están extremadamente emparentados, no me parece sorpresivo querer abordar los mismos temas detrás de una cámara. Es más apropiado a su mirada, le permite ser más personal y lo pasa mejor”, asegura su colega director.

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Los únicos estudios formales de cine los realizó en Inglaterra en 2001 en Panico, una organización que desarrolla un taller de verano de 6 días. “Lo demás lo aprendió viendo películas y echando a perder” como afirma en el sitio web de su productora. Estando en Londres, trabajó durante tres años como productor de televisión en ECM Productions.

De vuelta a Chile, retomó los cortometrajes, y comenzó a ser reconocido por ellos. El Tesoro de los caracoles (2004) surgió de un taller de literatura que Crisis hacía en la cárcel. Tras una recolección de 500 cuentos escritos por reos, capturó la tradición oral penitenciaria, que sería la base para su cortometraje.

Con éste, se hizo ganador del Fondart 2003, fue premiado en el Festival Internacional del Cortometraje de Santiago en 2004, y nominado a mejor guión de cine de ficción en los Premios Altazor 2005. Más participaciones en festivales internacionales de Colombia, Estados Unidos y Japón, corroboraron la gran acogida que la producción tuvo en su estreno. Este corto y XX (2005), lo llevaron a ganar dos veces consecutivas el premio Cinecourt del Festival de Biarritz, en Francia.
El salto definitivo llegó con Ilusiones ópticas.

Mitch Gómez, el productor ejecutivo de su primera película, asegura que hay que estar en Valdivia para poder explicar su trama, y cuenta una escena para entenderlo: “Salimos caminando de un hotel cinco estrellas, donde abrimos el laptop para presentar nuestro proyecto. A pocos metros hay una casita rodeada de un césped furiosamente verde. Frente a la puerta de calle, una chancha de cien kilos amamanta a nueve chanchitos recién nacidos. Una niña de ocho años nos sonríe haciéndonos chao mientras acaricia la panza de su chancha como quien regalonea a un gato (…) y un poco más acá, un astillero fabrica yates de lujo”.

“Como afirmó Cristián al presentar su proyecto: Estas cosas sólo se ven en Valdivia, son ilusiones ópticas, imágenes irreales (…) entre el pasado y el futuro“, afirma Mitch en su blog.

A mediados de septiembre se lanzó el tráiler por diversos medios. “Todos daban la vida por La Nana, yo doy la vida por Ilusiones Ópticas”, afirmaba al exhibirlo Juan Pablo Vásquez, de 192.cl. Y parecía augurar lo que ocurriría en el estreno mundial.

El día del lanzamiento en el Festival de San Sebastián, España, Cristián casi se quedó dormido y la sala, que tenía capacidad para 700 personas, estaba llena: “Suena increíble, pero es cierto. Franco Pesce, un amigo chileno que estaba por acá y compró su entrada, estuvo cerca de quedarse fuera y tras él alguna gente se quedó sin ticket”, cuenta Cristián en su blog. Pero el periplo internacional de la película no quedó ahí. Participó en Varsovia y en el Festival de Biarritz. Además, estuvo presente en el Festival Internacional de Cine de Tokio, al que asistió con Paola Lattus, protagonista del film. Según Cristián, tuvo una grata aceptación por el particular público japonés: “Ellos son muy especiales. Hasta que no pasa el último crédito de la película, no aplauden y, curiosamente, se rieron bastante con la película”.

Paola Lattus percibió el profesionalismo de su inexperto director desde que participó en el casting: “Cristián tenía muy claro lo que quería del personaje que andaba buscando”, asegura. Ilusiones ópticas era su primera actuación en cine, por lo que una buena dirección es muy importante.

Para la actriz, el secreto del estilo de Cristián es su empatía con los actores y la habilidad para ir mejorando las escenas sobre la marcha. “Creo que él tiene una capacidad de modificarse. Si no la tuviera, no llegaría a los buenos resultados que llega”, agrega la actriz.

Fast Forward
Se espera que el próximo 5 de noviembre, cuando llegue a las principales salas del país, tenga la misma acogida que tuvo en sus estrenos festivaleros. Cristián asegura que ya está esperando sacarse su primera película de encima para enfocarse en los proyectos que tiene en mente. Dos guiones de largometraje en etapa embrionaria: una historia familiar donde el padre abandona a su mujer tras un largo matrimonio y otra de un romance de universitarios ligados a la literatura son parte de las ideas que rondan la cabeza del cineasta que por estos días ya se siente agotado de la ilusión que ha generado su primera película.

“Es divertida esta pega (…) al final de una maratónica jornada, uno sale a caminar por plazas de provincia o junto al mar si es el caso, y algo de eso que los audiovisualistas locales sueñan con contar se respira por ahí, se palpa. Es bueno eso. Pasarse películas. Y que las películas ayuden a mirar”, reflexiona Cristián en su blog.

Éste es recién el principio para este productor y director que, tras más de tres décadas, aún sigue igual de observador que cuando nació y con todas las ganas de seguir pasándose películas.

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Sin comentarios Etiquetas: 199 recetas para ser feliz, Añadir etiqueta nueva, Andrés Waissbluth, Camila Luna, Cine, Cristián Jiménez, El secreto de los caracoles, Festival de Biarritz, Festival de Cine de Valdivia, Festival de San Sebastián, Ilusiones ópticas, Los debutantes, Paola Lattus, Retaguardia Films, Víctor Fajnzylber, XX

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