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Objeto cotidiano: El código de los números tristes

Reporteado por: Diego Zúñiga En categoría: Sociedad

Hay algo en los códigos de barra que llaman a una uniformidad, aunque en estricto rigor sirvan para diferenciarse. Es difícil explicarlo, pero tiene sentido: todos deben tener un código de barra para ser únicos, pero a su vez ese mismo signo los emparenta, los unifica. Es una marca indeleble, como el número que los nazis le ponían a los judíos. Es algo así. Y probablemente si existiera un futuro lejano, en vez de número, a la gente le pondrían un código de barra en alguna parte del cuerpo.
Como ella. En el cuello. Un tatuaje.

Su código de barra tenía los números 5643871. A ella le gustaba imaginarse como un personaje de alguna película de ciencia ficción. Le gustaba decir cosas que diría un personaje de alguna película como “Blade Runner”. Diálogos simples, funcionales, a veces repletos de silencios que yo no lograba percibir, pero que tiempo después le darían sentido a toda nuestra historia.

El cuerpo lo reconocieron por el código de barras. Creo que uno nunca va a entender por qué alguien es capaz de hacer eso. Y viene el metro, y viene el ruido que atraviesa los túneles que construyen una ciudad imaginaria bajo la ciudad real. Un lugar perfecto para escenificar una película que ella, sólo ella podría haber protagonizado.

Cuando le pregunté por qué se había hecho ese tatuaje, no supo qué responderme. Digresiones, contestó. Sólo digresiones acerca de la posibilidad real de ser anónimo, de perderse entre la gente, de que algún día, tal vez, dijo, ese pequeño detalle, esa marca indeleble le salvaría la vida. O algo así.

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A veces bromeábamos con la posibilidad de poner su cuello a la altura de esas máquinas que registran los precios en los supermercados. Esa línea infrarroja que pasa por los códigos de barras de los productos y genera un ruido, una información.
Bromeábamos y especulábamos acerca del precio que ella tendría. Yo hablaba de un precio infinito, que haría colapsar el artefacto. Ella hablaba de pesos, de algo menor.
Cada vez que voy al supermercado y suena ese pitido, pienso en ella. Cada vez que estoy en el metro, esperando que llegue un tren, también pienso en ella. En su tatuaje, en los números.

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1 comentario Etiquetas: Código de barras, Diego Zúñiga, Metro, Objeto Cotidiano, Supermercado

Deja tu comentario ↓ Un Comentario en “Objeto cotidiano: El código de los números tristes”

  1. Nicolás Alonso Sábado, 24 de Octubre de 2009 a las 18:06

    Buen texto, Zúñiga. Martín te venía goleando últimamente pero con éste te pusiste 2-2 a 5 minutos del final del partido. Vamos a ver cómo responde Venegas: si se le aflojan las rodillas o te da el golpe final con un objeto cotidiano demoledor.

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