Reporteado por: MartÃn Venegas En categorÃa: Sociedad
Tanto tiempo usando computadores ajenos, que veÃamos imposible llegar a tener uno propio. Y resulta que aquà está, en una caja cerrada ante nuestra vista. Viene protegido por bolsas, plumavit y cartón. Los fabricantes quieren que leamos todos sus manuales, pero no es necesario. Con el apoyo de los especialistas o simplemente por sentido común, sacamos el computador con mucho cuidado, conectamos algunos cables y lo encendemos por primera vez.
Al principio no sabe nada. Pregunta dónde está, la fecha y qué hora es. Sólo sabe razonar, pero no sobre qué. En este punto empieza la tarea de llenarlo con los contenidos que nos parecen más importantes.
El antivirus es lo primero, junto con el firewall y toda la protección que se nos ocurra. Después vienen las herramientas estrictamente necesarias: procesador de texto, navegador, reproductor de música. Ellas se van adaptando a lo que les pedimos, aprende palabras nuevas, nuestras páginas favoritas y la música que nos gusta.
Orgullosos, se lo mostramos a un amigo. Él hace preguntas técnicas que disfrutamos responder. Dejamos que lo pruebe un rato mientras vamos a buscar algo y al regresar encontramos una escandalosa situación.
Nuestro amigo está crackeando un videojuego que acaba de instalar. “¡Eso es ilegal, sácalo de ahÃ!”. Se rÃe de nosotros, dice que todos lo hacen asà y abre el juego, que se ve bastante bien. Responde a nuestra preocupación por el gasto de memoria, que para eso son los tarros, para sacarles el jugo.
Cuando se va, desinstalamos el juego y restauramos el sistema. Ponemos el antivirus, no vaya a haber quedado algo de ese programa medio hacker que usó nuestro amigo. Sentimos ganas de no compartir con nadie nuestras cosas, para mantenerlas siempre a salvo de gente irresponsable.
Todo vuelve a ser perfecto hasta que se queda pegado por primera vez. Nos preocupamos, nos echamos la culpa. Primero a nosotros mismos, luego al amigo y finalmente al fabricante. ¡VenÃa fallado! ¿Qué podemos hacer? ¿Devolverlo? Los manuales, revisamos los manuales: “Asegúrese de que el cable de alimentación está bien conectado al equipo y al enchufe eléctricoâ€. ¿Qué es esto? ¡Claro que está todo conectado! También recomiendan reiniciar el equipo apretando unas teclas, lo primero que habÃamos intentado hacer.
Justo cuando nos empezábamos a encariñar con la máquina, nos sentimos obligados a caer en los maltratos que tanto criticábamos en otras personas. No querÃamos llegar a esto, pero no queda otra opción. Por primera vez, lo apagamos a la fuerza.
Lee también:
Objetos Cotidianos: El amor en 140 caracteres
Objetos Cotidianos: El vidrio y las moscas
Objetos cotidianos: Astigmatismo cinematográfico
Objetos cotidianos: La soledad de la tarjeta Bip!
Objetos cotidianos: El otro mundo, detrás del espejo
Objetos cotidianos: Seducido por una botella
Objetos cotidianos. El zapato anti-evolución
Objetos cotidianos. El clip despechado
Sin comentarios Etiquetas: computador, Ficción, MartÃn Venegas, Objeto Cotidiano