Reporteado por: Diego Zúñiga En categoría: Sociedad
Jonathan Larkin estaba obsesionado con los mensajes breves. Cuando entró a trabajar a una tienda de discos en Nueva York, se dedicó horas a anotar los recados que le llegaban a su jefe en post-its de colores. Sin embargo, Larkin además se dedicaba a practicar la crítica de discos en ese espacio reducido. Aunque claro, toda esta fascinación por la brevedad había comenzado antes, cuando no eran críticas de música lo que escribía, sino que cartas de amor.
Jonathan Larkin estaba terminando la secundaria en St. Louis, su ciudad natal, cuando se enamoró de una compañera de clase, una chica latina que no sabía escribir en inglés, aunque sí entendía cuando le hablaban. Hoy no recuerda si la chica era panameña o guatemalteca, o quizás salvadoreña. Lo que sí recuerda es que venía de un país golpeado por una serie de dictaduras militares que la hicieron emigrar, junto a su familia, a Estados Unidos. Era una chica baja, morena y que observaba todo con detenimiento. Y muy silenciosa. Por eso cuando Larkin le habló, ella murmuró un par de palabras y se alejó.
Jonathan comenzó a obsesionarse. La observaba, la buscaba, le hablaba, pero nada resultaba. Hasta que se le ocurrió escribirle una carta. Como buen quinceañero, Larkin recurrió a lugares comunes, a la cursilería, a esas frases que calan hondo en las chicas. “Aunque mañana se acabara el mundo, todo tendría sentido si estuviera junto a ti”, fue uno de los primeros intentos de Larkin. Pero olvidó un detalle: la chica no sabía leer en inglés.
Lo que vino después fue lo inevitable: Jonathan decidió aprender español y comenzó a memorizar ciertas palabras. ¿Cómo lo hizo? Llenó su habitación de post-its, en los que anotaba las palabras en español y en inglés. Aunque le costaba pronunciarlas, siguió con su método, llevando los cuadernos y libros llenos de post-it repletos de palabras en ambos idiomas.

Hasta que un día la chica los vio y se acercó a él. Como era tímida, se comunicaron a través de los mismos post-it. Larkin le escribía frases breves y románticas en español, a las que ella respondía con mucha rapidez. Y la relación comenzó así, a través de esos textos donde no entraban, probablemente, más de 140 caracteres.
Cuando acabó la secundaria, Jonathan Larkin abandonó St. Louis. De la chica nunca más supo. Terminó buscando trabajo en distintos lugares. Finalmente llegó a Nueva York. Ingresó a trabajar a la tienda de discos. A veces recordaba a la chica latina. Las reseñas de los discos, dicen, las escribía para ella.
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2 comentarios Etiquetas: 140 caracteres, Diego Zúñiga, español, Estados Unidos, Ficción, inglés, Jonathan Larkin, Objeto Cotidiano, Post-it, St. Louis
¿Esto es cierto o falso?
Hola Enzo,
Todos los textos de Objeto Cotidiano son ficción, tal como lo explicita la etiqueta.
Saludos y gracias por comentar.