Reporteado por: Diego Zúñiga En categorÃa: Tiempo libre
Están atrapados. En un vagón de metro que viaja por la LÃnea 4 con 5 pasajeros. Nadie más. Ahà transcurre la novela. Están realizando un viaje que tiene un destino desconocido. Pero también hay un suicida, un japonés que se hace un harakiri, un hombre que anda en un auto y unas personas viendo una pelÃcula.
Maori Pérez (1986) publica una primera novela, Diagonales, que exige un lector atento. Un lector alejado de las formas tradicionales, de las estructuras que hemos venido viendo hace muchos años. Ahà hay riesgo, a pesar de que a veces uno como lector pueda perderse entre todas estas historias que cuenta el autor. Son muchos lugares paralelos que a veces no parecen estar conectados, pero que en el fondo tienen una relación que hacia el final de la novela hace cuajar todo. O casi todo.
Manteniendo la prosa ágil que conocimos en su libro de relatos Mutación y registro, y también una visión escéptica e irónica de la vida, Diagonales aparece como una novela posmoderna, que bebe tanto de la narrativa actual norteamericana como de diferentes mundos vinculados, por ejemplo, con los videojuegos y las series japonesas.
Acá se respiran aires nuevos. Acá hay pokemones, hay citas pop, pero, sobre todo, hay personajes angustiados con sus propias realidades. La angustia reflejada en las personas que viajan en ese tren de Metro hasta Estación San Pablo, como también en el japonés suicida.
En definitiva, son personas a la deriva que se cruzan, por diversos motivos, en estas diagonales que arma Maori Pérez en una novela con el fin del mundo a la vuelta de la esquina y con una estructura alejada de lo que nuestra narrativa nos tiene acostumbrado.
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