Reporteado por: MartÃn Venegas En categorÃa: Sociedad
Sólo un número, una simple representación digital de dinero es lo único que la tarjeta Bip! debe recordar. Pueden pasar meses, o sólo unos pocos minutos, hasta el momento en que deberá cumplir su tarea: rememorar el monto exacto que le habÃan asignado.
Esta buena memoria le preocupa a su dueño, normalmente una persona, quien pierde la posibilidad de movilizarse por cualquier olvido de Bip!.
La tarjeta también quiere cumplir, pero por otra razón. A ella le interesa quedar bien con Validador, una máquina compleja que además de emitir sonidos y luces de colores, es capaz de hacer operaciones matemáticas sencillas como sumar y restar, considerando valores que cambian según quién se acerque.
Cuando Validador y Bip! se encuentran, ambos experimentan el único placer que conocen: la transferencia de datos. Es un hecho tan delicioso que podrÃamos compararlo con la felicidad humana, ese breve instante de gracia que justifica los largos esfuerzos y aburrimientos que los rodean.
La tarjeta sufre mucho en su soledad de insensible ser, pensando en cantidades que sólo puede compartir con quien viene a cambiárselas. Esto es algo que nos cuesta comprender a los humanos, acostumbrados a cinco sentidos que nos distraen de nosotros mismos, pero es bastante terrible. La tarjeta puede pasar mucho tiempo pensando en un único número, consciente de que no es más que eso, un ser que memoriza, porque no tiene cómo recibir otro tipo de estÃmulos que la ayuden a olvidarse de sÃ.
Sólo en las comunicaciones que experimenta con Validador sale de sà misma y no se ve como algo insignificante, porque está mirando hacia afuera. Ella entrega la cifra aprendida y él la modifica. Ninguno gana o pierde más que el otro, sólo gozan el momento y cambian. Más de alguna tarjeta ha intentado aumentar el disfrute uniéndose a Validador acompañada de otra Bip!, pero como él no soporta tanta exigencia se anula, limitándose a entregar un pitido de error que ellas no escuchan, sino que sienten como una decepcionante caricia que no llega más allá.
Cuando una tarjeta olvida una cantidad, además de no ser aceptada por Validador, corre el riesgo de ser desechada por su dueño, algo que puede volverla loca. Al principio intentará recordar el número original. Si no lo logra, inventará; lo cual tiene pocas posibilidades de éxito frente a las habilidades matemáticas de Validador, quien revisará minuciosamente cada intento descubriendo las equivocaciones.
Después quedará inutilizada, pero al no saberlo seguirá creando cifras, a veces incluso palabras, hasta dedicarse a contar ascendentemente, confiada en el azar para acertar en la cantidad correcta. Lo triste es que su esfuerzo será totalmente en vano, pues nunca más se encontrará con Validador. Se quedará sola llevando cuentas hasta el dÃa en que se agote y deje de existir, o hasta que alguien le haga el favor de destruirla.
9 comentarios Etiquetas: Ficción, MartÃn Venegas, Sociedad, Tarjeta Bip!, Transantiago
Estoy completamente seguro de que el gobierno corrupto le pagó a este diario por publicar esta infame campaña para buscar aceptación para el Transantiago a través de caracterizaciones tiernas, pasando por alto la millonaria deuda de un sistema fallido que pagan todos los chilenos.
jajaja, mentira, está muy buena la historia, me recordó a Wall-E.
“La tarjeta sufre mucho en su soledad de insensible ser, pensando en cantidades que sólo puede compartir con quien viene a cambiárselas”….que pena!
Bip, se acerca presuroso, sale de su encierro de cuero y el viento frÃo del último tren lo envuelve por ambos lados, su chip interno se acelera matemáticamente al verla a ella, validadora. Siempre esbelta, brillante y esperando. Una conjunción de logaritmos invaden las microceldas de bip, siempre le pasa lo mismo. El contacto cercano, tan esperado y anhelado, es roto por la desilusión, ” bip-bip” ha dicho validador, ” no tienes dinero, no eres para mi”.
Hola. Muy simpatico el reportaje sobre la tarjeta bip pero es incorrecto: La tarjeta solo memoriza su numero de serie interno y unico para cada tarjeta. Al acercarla al validador este la energiza mediante un campo magnetico variable que es captado por la bobina (esos cablecitos que rodean a la tarjeta y se pueden observar en las multivia), al estar energizada despierta de su letargo y le dice “hola validador. Yo soy la targeta numero xxxxxxxxxxx”. El validador pregunta a alguna central del AFT mediante gprs (el protocolo que se usa para el internet en los celulares) si la tarjeta tiene saldo o si le corresponde un transbordo. La central envia la respuesta y le da la orden de dejar pasar o no al portador de esa bip.
Todo eso en el tiempo que demoramos en estirar el brazo
Gracias, Sebastián. Por mucho tiempo me habÃa preguntado cómo funciona la tarjeta Bip! Ahora queda resuelta mi duda sobre los cambios de hora, si tienen que hacerlo en cada validador o si se hace desde un punto central.
Voy a omitir el comentario de Sebastián porque le quita toda la humanidad al asunto. Sin embargo, este acto de encuentro y esta tarjeta deshechada, que me suenan un poco a una mujer que antiguamente se podÃa devolver si no llegaba vÃrgen al matrimonio, se justifica totalmente por el tema de la infidelidad. Y te olvidaste cabalmente de que, en realidad, la Bip! lo que le entrega al validador es algo que le cargaron ya, en un encuentro anterior que tuvo antes con no una, sino que varias máquinas de recarga Bip! digamos metro, centro Bip!, etc.
Es decir, la Bip! es chicha fresca, lo pasa bien antes, después llega donde el validador, digamos, a encaletarle la guagua.
me parece muy bien el reportage q hisieron esta muy bueno
Como puedes tener tiempo para pensar y escribir tanta w………..a junta
no se de donde sacan tantas ideas